Dice la canción que 20 años no es nada. ¿Será igual con los 30?
Y para mí, anoche, el transcurso de tres décadas pareció no ser nada. Entrar al “Tony’s Place”, nuestro lounge en la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico y toparme con muchos de los seres que lo habitaban hace 30 años fue un alucinante regalo de la vida. Aunque pareciera que regresábamos a comenzar un semestre más y continuábamos la conversación donde la dejamos, esta vez habían tres décadas de vivencias extensas que compartir y mucho que rememorar.
Tanta alegría y ebullición de tan solo vernos, ser y estar. Una experiencia única, maravillosa y expansiva. Especialmente para mí, que no practico la profesión de la abogacía desde hace más de 20 años, por lo que tengo menos oportunidad de coincidir con otros como parte de los quehaceres de la profesión.
Y sí, para algunos que me han conocido en otras etapas de mi vida, tal vez se les ha escapado conocer que soy abogada de profesión. Y probablemente tampoco saben cómo se dio el giro en mi carrera. Les cuento brevemente.
Esencialmente, el impacto que tuvo en mí el divorcio de mis padres durante la década de los 80’s me inspiró a elegir la abogacía como ruta académica. Quería contribuir de alguna forma a que la experiencia de un divorcio y sus consecuencias pudiese ser lo mejor posible para las partes involucradas. Con ese norte pisé el vestíbulo de la facultad de Derecho por primera vez una tarde de agosto de 1992, a donde llegamos a conocernos los futuros egresados de la clase Lex 95.
Fueron tres años intensos, de gran crecimiento y también diversión, ya de entrada a la adultez. En mi caso, la travesía incluyó que durante mi segundo año de estudios también me casé, iniciando un matrimonio de casi dos décadas.
RETORNAR ELEVANDO LA MIRADA
Detenerme a mirar atrás por ocasión del retorno al alma mater ha sido un regalo invaluable para mi.
En cuanto a la habilidad de reconectar efusiva y a la vez cálidamente con mis compañeras y compañeros de profesión tres décadas después, en efecto, se sintió como si 30 años no es nada. Y como tal, en el alma, lo es todo.
En cuanto la evolución de las separaciones y divorcios desde los tiempos en que me tocó vivirlo como niña y también en el momento en que me casé siendo estudiante de derecho, 30 años también lo son todo. Esencialmente porque estamos en un mundo muy distinto. El desarrollo de las ciencias sociales, la accesibilidad tecnológica a todo tipo de recursos, así como la evolución de la conciencia de la humanidad nos permiten acercarnos al rompimiento con otras herramientas, apoyo y sobre todo, en muchos casos con mejores intenciones.
Y en cuanto a mi trayectoria profesional, el transcurso de estos 30 años refleja una vida profundamente transformada por el autoconocimiento. A raíz de vivir mi proceso de separación y posterior divorcio elegí allegarme recursos de apoyo. Resultado de ello, descubrí el poder positivo de estar preparada, equipada y alineada para crear relaciones amorosas, sanas y felices.
Esto incluyó contar con una sicóloga para la familia y también el valioso contenido de las primeras propuestas de mi mentora, la terapista norteamericana, Katherine Woodward Thomas, quien posteriormente creó el programa para navegar el fin de una relación, Conscious Uncoupling.
Más allá de cualquier ventaja que pudiera darme mi formación en Derecho al momento de comprender el procedimiento de disolver el vínculo matrimonial, esa fue la clave del grado de fluidez y bienestar que experimenté durante ese proceso que no dejó de ser, por su naturaleza, doloroso y desgarrador.
CERRANDO CÍRCULOS
Sin duda, la transición consciente de mi relación matrimonial fue un proceso que no solo transformó mi vida personal, sino también el rumbo de mi camino profesional. Eventualmente, con una base sólida en la abogacía, progresivamente pasé al mundo del coaching dirigido a generar relaciones amorosas, sanas y felices, comenzando con la propia.
Cuan divinamente orquestado, una de mis áreas de especialidad en el coaching es facilitando el programa “Conscious Uncoupling, 5 Steps to Living Happily Even After” o “Separación Consciente”. Por vía de este guío y acompaño a mis clientes en un proceso de autoexploración y crecimiento personal que les ofrece mucha claridad para tomar decisiones más sabias y saludables en sus relaciones. Desde una nueva conciencia pueden entonces entablar nuevas interacciones con sus parejas o exparejas- o con cualquier persona con quien se relacionen en sus vidas.
MISMO RUMBO, CAMBIO DE FORMA
Mantengo presente que servir como coach desde este rol ha cerrado círculos en mi vida personal y profesional en formas que jamás imaginé. Lo cierto es que hace 30 años elegir el coaching como profesión no era algo que podía considerar al graduarme de escuela superior, pues era un campo emergente y no estaba en mi lista posibilidades.
En mi misión de contribuir para impactar positivamente a las personas y familias acercándome a entender los procesos de divorcio, me tocó comenzar por el principio, estudiando Derecho. Desde ahí, comencé a recorrer el camino de servicio que se abría hacia el futuro- y que ahora es presente en la evolución de la conciencia de la humanidad misma.
Hoy me conmueve poder valorar y agradecer a cada ser que fue parte de mi camino durante mi formación y servicio como abogada. Cada uno, a su manera o desde el colectivo, fue un catalizador para mi desarrollo y evolución hacia los roles profesionales que hoy me toca desempeñar, y desde los cuales hoy genero y expando mi misión y mi vida con propósito.
Me llena de alegría detenerme a celebrar este hito y sentir de todo corazón como 30 años lo son todo.

Isandra es educadora y Coach de Relaciones especializada en generar relaciones auténticas, amorosas, sanas y felices- comenzando con la propia. Y si toca pensar ese momento, también apoya a personas que deseen transicionar una ruptura, separación o divorcio de forma respetuosa, sana y consciente.
La exabogada es madre, amante de la naturaleza y apasionada del aprendizaje continuo. Disfruta su vida explorando nuevas formas de cocrear un mundo más amoroso, sano y feliz.

